Del Boletín de la Hermandad de Montesión nº 94, páginas 35-36

En este año 2018, se ha cumplido ya un siglo de la primera vez que la Santísima Virgen del Rosario luciera su característico manto recogido en la tarde del Jueves Santo.

Como ya muchos sabrán, este recogido fue algo accidental… pero hagamos memoria y retrocedamos en la historia de la hermandad hasta los primeros años del siglo XX.

Corría el primer día del mes de febrero de 1918, cuando el Mayordomo de la Hermandad, D. José Lecaroz, dio cuenta al Cabildo de las reformas que habría que acometer en vista del mal estado en que se encontraba el manto que la Virgen ostenta para su salida en la cofradía. Informa a los hermanos que su arreglo y pasado a nueva tela, aparte de los bordados, ya que el oro se encontraba en malísimas condiciones, costaría una cantidad superior al valor del mismo.

Al no existir fondos para acometer el arreglo del manto, por ser muy escasos los ingresos de la corporación, él particularmente tenía encargado uno nuevo de cuya confección estaba encargada a una importante casa extranjera, por no ser posible hacerlo en Sevilla a causa del elvado precio.

Dicho manto sería de paño de seda de color blanco y bordado en oro; además tenía encargados unos faldones de la misma clase y color, así como nuevos antifaces blancos para los nazarenos del paso de la Virgen y en proyecto también la construcción de un nuevo varal para el mismo paso.

Debido a que la Hermandad carecía de fondos para dichas reformas, con motivo de la escasez de subsistencias por causa de la guerra europea, no eran las mejores circunstancias para abrir inscripciones entre los hermanos y devotos. No obstante, el mayordomo se compromete a llevar a cabo las expresadas reformas en la Hermandad, aprobándose todo por unanimidad y facultando a este la venta del manto y varal viejo, así como para que haga cuantos contratos y operaciones sean necesarios efectuar en nombre de la Hermandad hasta conseguir el propósito.

Es de esta manera como recogen las actas de la Hermandad el proceso de adquisición de ese nuevo manto para la Virgen del Rosario. Según cuentan los hermanos, y así ha llegado hasta nuestros días, el manto llegó a nuestra ciudad procedente del puerto de Valencia a escasas horas del Jueves Santo. Pero cuál fue la sorpresa cuando al ponerle el manto a la Virgen resultó ser demasiado grande debido a un error en las medidas. Fue entonces cuando D. José Lecaroz Barrera decidió recogerle el manto con ayuda de un cíngulo, inspirándose en el recogido mostrado del manto de la Virgen del Amparo.

La solución al problema se convirtió en un gran éxito que caló en el seno de la Hermandad y entre los cofrades de Sevilla, convirtiéndose 100 años después en unos de los sellos e identidad de la cofradía.

Pero no es hasta el Jueves Santo de 1921 cuando por primera vez la imagen de la Virgen del Rosario va vestida llevando bullones en el manto, semejando ser recogido a la cintura, tal y como lo conocemos hoy en día. Es en este año cuando se enriquece con bordados de lentejuelas.

Con posterioridad a la hechura del manto, concretamente en 1922, es cuando se decide mejorar las condiciones del mismo, pero sin cambiar la longitud y manteniendo ese recogido tan particular. Esta restauración la lleva a cabo el insigne bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

Esta restauración costó 1000 pesetas pero no teniendo fondos la corporación para abonar dicha deuda se le entregó como pago el mantolín antiguo del Señor, que ya no se colocaba a dicha imagen en la cofradía por su mal estado y por sus exageradas proporciones.