No siempre la Carrera Oficial ha sido una mina de oro para las hermandades. En 1973, el primer año que el Ayuntamiento firma el contrato de cesión del espacio con el Consejo de Cofradías, los ingresos brutos por la explotación de este espacio en Semana Santa alcanzaron los 3,1 millones de las antiguas pesetas (unos 18.900 euros actuales). Aún teniendo en cuenta de que el IPC ha variado casi un 1.600 por ciento en estos 45 años, entonces el Consejo no había descubierto aún el maná de cuyas aguas bebieron las hermandades y que permitió que aquellas que pasaban penurias económicas alcanzaran un nivel de saneamiento óptimo. El esplendor de las cofradías en la actualidad se debe, en gran medida, a que el Consejo encontró una fórmula para que la recaudación por las sillas y palcos supusiera, en algunos casos, la principal vía de ingresos para determinadas corporaciones, por encima incluso de las cuotas de hermanos. Y, al amparo de esto, se está dando en estos días el fenómeno de la fundación o refundación de nuevas hermandades, ya sean de vísperas o de gloria, que se han beneficiado de un reparto cada vez más cuantioso.

La profesional en Protocolo y Organización de Eventos Regina Montero Santos, ha desarrollado un completo estudio sobre la Semana Santa de Sevilla y la explotación de la Carrera Oficial en el que, entre otras cuestiones, recoge cómo ha variado el impacto económico en todos estos años. Hija del arquitecto Francisco Montero, quien fuera sillero y autor material de la Carrera Oficial que actualmente conocemos, ha recopilado los datos de recaudación efectiva bruta en los último 45 años, en los que se aprecia cómo, en los últimos 25 años, las ventas y abonos de sillas y palcos durante la Semana Santa han pasado de aportar a las arcas del Consejo 300.500 euros (algo más de 50 millones de las antiguas pesetas) en 1993 a 3,7 millones de euros en 2018. 

El cambio de modelo en 2001

Durante el siglo XX, la Carrera Oficial se gestionaba a través de los silleros o parcelistas, que eran los encargados de controlar los distintos sectores, tanto en cuestión de abonos como en la venta de sillas por cada día. Esto hacía que gran parte de los ingresos que podrían ir a parar a las arcas de las hermandades se esfumaran. Era un gran negocio para los silleros, que ganaban en Semana Santa más de lo que podían cobrar el resto del año, pero un agujero para el Consejo. Por ello, la junta superior que por aquel entonces presidía Antonio Ríos encargó a Montero, cuyo padre había sido también sillero, que acometiera una reforma de forma que el Consejo pasara a autocontrolar la Carrera Oficial. Aquella gran reforma de gestión llegó en 2001 y, en tan sólo ocho años, la institución pasó de ingresar 300.500 euros brutos a 2,23 millones.

Este sistema es el que se ha mantenido hasta la actualidad, con pequeños cambios. En el periodo de 2001 a 2004, como recoge el citado estudio, se hizo a través de una empresa «que realizó todos los trabajos de manera integral y que permitió consolidar un sistema de control total de la explotación por el Consejo de Cofradías y, desde el 2005 hasta 2018, directamente, mediante un conjunto de empresas colaboradoras, aunque centralizando el control». A esto se le suma la subida del precio de los abonos (en base al IPC) y también a la inexistencia ya de plazas de venta libre, como existían hasta hace unos años.

«Crecimiento descontrolado del número de sillas»

La empresa que realizaba estos trabajos hasta 2005 estaba gestionada por Francisco Montero. Aunque, como explica su hija en el trabajo, también tuvo mucho que ver el «crecimiento progresivo del número de sillas de la Carrera Oficial, sin ninguna regulación, ni cumplimiento de las normas ni control y sólo basado en la demanda de sillas por nuevos abonados y, con ello, el aumento de la recaudación». La junta superior del Consejo de Cofradías le pidió a Montero que diseñara una Carrera Oficial para 36.000 personas. Es decir, si en 1973 este mismo espacio tenía un aforo de unas 24.500 sillas, pasó a tener un 50 por ciento más con el paso de los años hasta llegar hasta nuestros días. En la Campana, por ejemplo, Montero se vio obligado a meter 3.000 plazas más para abonados por la gran demanda que había y que todavía existe.

Esto, según expone Regina Montero, «ha llevado a la Carrera Oficial a ser un espacio inseguro para el ciudadano usuario de las sillas y podríamos decir, sin exagerar, que incluso peligroso». De esta forma, pone el ejemplo de los sucesos ocurridos en 2000 o 2017, «que arrasaron la mayor parte de este espacio». No obstante, pese a los problemas de seguridad reconocidos, en este 2018 se aplicaron diversas mejoras en esta materia por parte del Consejo a petición del Ayuntamiento en la calle Sierpes y en la Avenida de la Constitución. Aunque conllevó una pérdida de un par de centenares de sillas, no supuso un impacto económico para las arcas del Consejo, debido a que desde hace dos años la institución se hizo cargo del montaje de la Carrera Oficial, lo cuál abarató los costes.

Reportaje de JAVIER MACIAS para PASION EN SEVILLA